El atentado de Sarajevo 11 Feb 2018

Reseña. El atentado de Sarajevo, de Georges Perec

Ideas | La Nación | Elvio E. Gandolfo

 

El atentado de Sarajevo, de 1957, fue el primer libro que escribió Georges Perec (París, 1936-1982), el famoso autor de Un hombre que duerme, W, o el recuerdo de la infancia y La vida, instrucciones de uso, su obra maestra. Permaneció inédito, sin embargo, hasta 2016. Una corta nota de Maurice Olender en esta edición afirma que lo escribió a los 21 años, y que en 2016 Perec habría tenido 80 años. La fecha de nacimiento de la solapa, 1938, es por lo tanto una errata.

La edición de inéditos póstumos de autores se ubica entre dos extremos: o se afirma que equivalen prácticamente a su obra editada o se subrayan sus disvalores. Aquí, el extenso prólogo de Claude Burgelin se acerca al segundo caso. Incluso es un poco irritante, porque se dedica a contar gran parte de la materia argumental, como si fuera poco calificándola, y marcando demasiado la futura lectura. A su vez no subraya que el principal defecto, atribuible en gran medida a la propia juventud de Perec, es que la mezcla entre la historia personal o del personaje y la historia con mayúsculas no llega a cuajar del todo, como sí lo haría en libros posteriores (en especial en W, o el recuerdo de la infancia).

La historia sin mayúscula tiene que ver con el enamoramiento, tal vez incluso el amor, hacia Mila, una muchacha yugoslava que ya tiene amante, aunque casado. Ambos forman parte de un grupo real de amigos serbios de París, que compartían bares o caminatas. Cuando se van, el yo que cuenta (un doble de Perec) también termina por partir. Según lo cita David Bellos en una voluminosa biografía (A Life in Words, de 1993) Perec le escribió a un amigo: "Mi 'cura' empezó al día en que tomé el tren a Belgrado". Bellos se pregunta: "¿Cuál era la enfermedad? 'Neurosis', timidez abrumadora, inhibición, bloqueo de escritor".

La lectura alivia al lector. La larga historia, llena de vueltas y recovecos, de dudas y bruscas seguridades, de la relación (o no relación) con Mila es un buen relato de Perec. Se permite ser lúcido consigo mismo, o tomar decisiones equivocadas casi conscientes, como ir a ver a Branko, su rival, cuando este se lo pide, alejándose de Mila. El adjetivo que habría que agregar es "juguetonamente lúcido". En ese sentido, en sus libros característicos y clásicos, Perec es el más entretenido de los escritores vanguardistas o experimentales. Además "fotografía" con nitidez tanto el París previo como la estadía esencial en Belgrado, donde se desarrolla la agridulce seducción y la competencia entre varones.

En la vida real, Perec tuvo un contacto mínimo con Milka (la muchacha que pasó por su vida), hizo una visita breve a la ciudad de Sarajevo y su museo sobre el "incidente" que originó la Primera Guerra Mundial, e inició la amistad con un pintor que dibujó uno de sus primeros retratos. El resto es feliz literatura, dominada a la vez con mano firme y liviana, porque no pretende imponer gravedad a una época de la vida que no la tiene, ocupada sobre todo por la espuma de los días. Salvo cuando trata de hacer un montaje con numerosos datos documentales tomados de un extenso libro sobre el atentado contra el archiduque Francisco Fernando, con los legajos del juicio al grupo de jóvenes que participó en él. La acción violenta, que dependió de incontables detalles mínimos, imprevisibles, desencadenó la reacción extrema del imperio austrohúngaro contra los serbios, lo que inició la conflagración.

Quien lea muy absorbido tanto por los hechos como por el tono casi saltarín y a la vez controlado del narrador, no puede dejar de lamentar el brusco salto de esas 23 páginas "serias" intercaladas. Queda claro, sin embargo, que la idea formal era que el hecho famoso reflejara hasta cierto punto el plan de violencia sentimental entre esposos que el "yo" pretendía desencadenar. Basta sin embargo desecharlas o dejarlas entre paréntesis, para que el libro funcione como un buen reflejo de una aventura juvenil o como el testimonio de un avance concreto, donde basta con cometer las acciones para avanzar con mayor firmeza en el modo de abordar la realidad.