03 Jun 2006

Una apuesta a la exquisita tradición de editar libros

La Nación | Josefina Giglio

Con un amplio catálogo, El Cuenco de Plata ya exporta a Europa y México

 

Edgardo Russo, creador de la editorial El Cuenco de Plata, es un nombre con peso propio en el mercado argentino. En 1988 armó la editorial de la Universidad del Litoral, en su Santa Fe natal. Luego, a mediados de los años 90, y ya en Buenos Aires, fue responsable de varias colecciones para la editorial El Ateneo, así como del catálogo de Adriana Hidalgo e Interzona.

Finalmente, en 2004 se lanzó con su propio emprendimiento, El Cuenco de Plata, con un desembolso inicial de 36.000 dólares que aportaron entre seis socios. Russo es escritor y traductor, pero ahora está dedicado por completo a su tarea de editor.

"Mi actividad como editor es casi más gratificante que la de publicar un libro propio. Es la literatura más allá del escritor, es poner al alcance de los lectores autores u obras olvidadas. El dicho debería ser «plantar un árbol, tener un hijo, editar libros»", dice en su oficina, repleta de cajas que contienen libros recién impresos, ubicada a pocos metros del Congreso.

Hoy factura 280.000 pesos al año, un 60% gracias a la exportación, con una producción de 20 títulos, agrupados en distintas colecciones, como literatura latinoamericana, contemporánea inédita, nueva narrativa argentina y filosofía y ensayo.

 

En el catálogo de El Cuenco... figuran obras inéditas en español de grandes nombres de la literatura universal, como Marguerite Duras, Pier Paolo Pasolini y Henry James, o ediciones especiales de la exquisita uruguaya Marosa Di Giorgio y el argentino Juan Filloy, o el periodista y escritor Enrique Symns, que ya agotó dos ediciones de su autobiografía, "El señor de los venenos". También hay autores de reconocimiento internacional dentro de la filosofía y el psicoanálisis, como "El amor puro de Platón a Lacan", de Jacques Le Brun (también agotado), o "La fábrica de la soberanía", de Carlo Altini.

"Es esencial tener un buen catálogo, que permita vender en el exterior y también atender el mercado local", dice Russo.

Con la inversión inicial se cubrieron los costos de producción del primer año. "El mercado del libro es particularmente difícil, porque está generalizado el mecanismo de consignación para la venta, lo cual implica plazos muy largos de repago", explica Russo.

 

Como el precio del libro es fijo, la ganancia del distribuidor y del librero está en el descuento que hacen los editores. "El editor tiene que cubrir todos los costos hasta que el libro llega a la librería: el costo de producción industrial, pasando por el adelanto de derechos de autor o el pago de la traducción. Por eso, para nosotros es fundamental el crédito que nos da el imprentero, si no, no podríamos hacer nada. Luego, hay que esperar que el distribuidor liquide lo que vende el librero, y esa cadena se hace larga, pueden pasar cuatro o seis meses."

Para no depender de los tiempos de rendición y liquidación del distribuidor, Russo decidió tomar la distribución local en sus manos. El año pasado le llegó la oportunidad de empezar a vender en el exterior, para lo cual sí firmó acuerdos de exclusividad con sendos distribuidores para México y para España.

En El Cuenco trabajan cuatro personas que hacen todo. Además de Russo, que se ocupa de la selección de los títulos, de hacer traducciones y de gestionar temas como derechos de autor, son tres colaboradores: Pablo Hernández, que se ocupa de los temas financieros y del diseño de todos los libros ("cierro el programa de diseño y abro la planilla de cálculo", bromea Hernández); un vendedor, y un encargado de stocks y exportaciones.

¿Secretos para ganar un lugar en las librerías españolas y mexicanas? "Además de la calidad del libro como objeto, y del regreso de las traducciones argentinas, que fueron reconocidas en todo el mundo, hay que tener un catálogo con autores reconocidos. Y es importante buscar aquello que no haya sido editado en español."

Russo se queja de lo difícil que resulta el acceso al crédito, ya que los bancos locales, dice, no saben calificar el valor de un libro en términos económicos. "Para los bancos el libro es un bien invaluable, no tiene precio, no lo saben cotizar. Yo les digo que tengo los derechos de autor de Marguerite Duras o Pasolini y para el banco tiene el mismo valor que papel sucio, no representa nada en plata."

Apoyos

En medio de esa aridez, Russo destaca tres apoyos: el de la imprenta, que le financia a 120 días el costo de producción industrial; el de la embajada de Francia, que como una forma de promoción de sus escritores y pensadores financia los adelantos de derechos de autor en ediciones extranjeras, y el del gobierno de la ciudad, que a través de la Subsecretaría de Industrias Culturales otorga subsidios de hasta el 70% para contribuir al desarrollo de proyectos y microem-prendimientos de diseño, discográficas y editoriales porteñas.

"Para Francia la cultura es una auténtica generadora de divisas. No sólo cuidan los derechos de sus autores, sino que fomentan su publicación en todo el mundo", dice Russo. La embajada de Francia ya le otorgó ocho subsidios para cubrir adelantos por derechos de autor; es una ayuda muy importante, ya que los derechos -que vencen recién a los 70 años de muerto el escritor y pueden oscilar entre 1500 y 2000 dólares- se pagan casi un año antes de que el libro esté finalmente en la calle y pueda recuperarse lo invertido.

En cuanto al gobierno de la ciudad, el editor dijo que "son subsidios no reintegrables, que se hacen con total transparencia y además obligan a una gimnasia necesaria: presentar un plan de negocios, proyección de ventas etc. No son a dedo".

Ahora, El Cuenco de Plata enfrenta al famoso cuello de botella que genera el crecimiento. Año contra año, sus ventas crecieron un 20 por ciento. "Tenemos que seguir con el plan de publicar 20 títulos al año, pero al mismo tiempo hay que reeditar los libros agotados. Mientras llegan los pagos del exterior se hace difícil sostener el proyecto sin financiación, pero éste es el momento argentino de producir, de retomar nuestra tradición editorial", culmina Russo.