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Nota de Página 12  del 18/10/2005

Político, obsceno y vanguardista

La novela de Filloy escrita y publicada al borde del golpe.


Autor más que centenario, con una longevidad que llegó a extenderse por tres siglos, Juan Filloy (1894-2000) integra el catálogo de las singularidades argentinas, como la avenida más ancha y la más larga o la ciudad más austral del mundo. La de Filloy es una obra excéntrica, prolífica y formalmente arriesgada, alternativamente (o simultáneamente, como en Vil & Vil) experimental en su impostación y estilo, y vulgar en su realismo social. Una obra que descree de los límites entre prosa y poesía, y en general de toda regla que someta a los géneros literarios. La carrera literaria del autor refuerza esa excentricidad, y quizás esto sea su mayor base de sustentación. Escritor de provincia en un universo literario nacional cuyo centro es el puerto, sus libros fueron recibidos con indiferencia, fueron elogiados por la crítica, o fueron prohibidos por la censura. Menos excéntrico, sin embargo, resulta el ideal que esa obra y esa carrera encarna: la unión de una forma refinada o caprichosa y vanguardista, y un contenido obsceno o político define al gusto de una de las vertientes más poderosas en el gusto del siglo XX.


La obra de Filloy representa así una cantera nacional. Una obra como la de sus contemporáneos Xul Solar o Jorge Luis Borges, sin padres y sin hijos legítimos. Y una obra a la que se puede recurrir siempre, y muchas veces admirar por un motivo muy poco admirable, que es la relación de Filloy con el dinero. Porque el escritor cordobés era abogado de profesión, y magistrado judicial de ocupación. Nunca representó competencia para el común de los escritores argentinos, que son de clase media, y que, como periodistas culturales y profesores universitarios, viven encerrados en tres círculos de hierro que se intersectan: las editoriales, las universidades y los multimedios.


La novela Vil & Vil fue publicada originariamente a fines de 1975. El 24 de marzo estaba a la vuelta de la esquina, y el libro fue secuestrado y prohibido, y su autor octogenario repetidamente interrogado por las autoridades militares y paramilitares. “Venían tipos con ametralladora a citarme”, declaró posteriormente Filloy.


El tema y la trama de Vil & Vil daban, es cierto, motivos para la aprensión militar. Básicamente es la historia de un colimba que seduce con éxito a la esposa de un general golpista. El lugar podría ser cualquiera de Latinoamérica. No hay voz autoral ni de un narrador único –son tres las voces narrativas– que tome a su cargo las poco benevolentes burlas del conscripto, o los diálogos de las Fuerzas Armadas. Aunque el tema es crítico y político, el tono no lo es. Se trata de un tono abiertamente picaresco, como el de las novelas que Jorge Asís componía en los ‘70, cuyos protagonistas varones progresaban y hasta ascendían socialmente gracias a la seducción y a la mirada cínica o por lo menos escéptica que dirigían a su entorno.


Los valores del Ejército argentino de entonces se veían menos contestados que subvertidos por Vil & Vil. El rito de pasaje del servicio militar obligatorio demostraba su dudosa utilidad como iniciación a las armas. Pero era sobre todo el mundo de la sexualidad masculina y sus poderes lo que se revelaba con dolor, a veces con júbilo. Poder sobre las esposas, pero también sobre los altos mandos, como en la gran novela de David Viñas, la contemporánea Cuerpo a cuerpo (1979). Después de todo, los dos viles del título de Filloy son el conscripto y el general, fusionados como Billy Bill.








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