La persistencia de Hollywood 01 Mar 2026

Érase une vez

Radar Libros | Página 12 | Demian Paredes

Volumen histórico y conceptual, “La persistencia de Hollywood” reúne los grandes trabajos de Thomas Elsaesser sobre cine norteamericano y la época de los grandes estudios hasta “Avatar” de James Cameron.

 

 

El destacado crítico y teórico alemán de la cinematografía global, Thomas Elsaesser (1943-2019) fue, además de historiador y profesor universitario, guionista y director de La isla del sol (The Sun Island, 2017), una película enfocada en su abuelo arquitecto, realizando así una actividad creadora que no imaginó en sus inicios, cuando era un joven crítico, en el París de 1968, de la mano de Henri Langlois y su famosa Cinemateca. Unos comienzos marcantes y definitorios, inaugurales, como los recordará luego: “Durante los siguientes veinte años me dediqué a la misión de hacer del cine lo más importante de mi vida”.

Y fueron en total más de veinte años de visionados y de escritura: toda su vida, unas seis décadas conectando orillas, abarcando universidades y ciudades -como Londres-, países y continentes. Por otra parte, Elsaesser visitó Buenos Aires en dos ocasiones: estuvo en 2007, en una actividad organizada por el Instituto Goethe, donde expuso sobre Rainer Werner Fassbinder, en un panel junto a Edgardo Cozarinsky; y en 2017, en el XXIV evento internacional Visible Evidence, como uno de los invitados especiales: Hubo allí una proyección de La isla, y dio una conferencia sobre las poéticas y políticas de la obsolescencia.

Proyecto de largo aliento, comenzado en 2002 y publicado una década más tarde, Elsaesser reunió -y revisó y reescribió- para un volumen histórico y conceptual la mayoría de sus textos relacionados con el cine estadounidense, y en particular con el cine de Hollywood a lo largo de unas cuatro décadas. Con una destacable traducción de Horacio Bernades y edición de Julio Rovelli, La persistencia de Hollywood, publicado recientemente por El cuenco de plata, es una colección de escritos que recorre el sistema de estudios de cine moderno del país del norte, desde sus comienzos silentes y en blanco y negro, en las primeras décadas del siglo XX, pasando por la llegada del sonido y el color, hasta la primera película digital en 3-D, Avatar, de James Cameron, estrenada en 2009.

Enfocado y panorámico, el libro, con casi quinientas páginas, contiene múltiples historias y más de veinte ensayos, es un verdadero portento multidisciplinar y analítico de lo que viniera a llamarse arqueología de los medios, y fundara también los “Film studies”, tomando al cine como fenómeno en sus múltiples dimensiones y manifestaciones: en la biografía y ambiciones artísticas de un director; en una película o filmografía completa; en la filosofía sobre las imágenes y la historia del séptimo arte -y disciplinas conexas, como la fotografía, y el más reciente mundo digital y de internet-; en la política y la economía norteamericanas; en la influencia europea y la de los creadores exiliados instalados en Estados Unidos; en el clima ideológico y cultural; en la técnica, la publicidad, el marketing y el “modelo de negocio” de los estudios (y eventuales socios e inversores), entre otros elementos actuantes y contextuales. “Las diferencias entre mis primeros ensayos sobre Hollywood como un juego coherente de reglas, modelos y prácticas, escritos al tiempo que esos cambios tenían lugar, y ‘Film como sistema’, reflejan sobre todo la división entre crítico y docente”, explica el autor.

INFLUENCIAS, CRISIS, REINVENCIÓN

Thomas Elsaesser afirma: “El amor al cine, como emoción que borronea los límites entre los films y la vida, fusionando el partidismo crítico con el lamento melancólico, existió, de una forma u otra, desde los años 20”. Y da cuenta, desde los primeros ensayos, qué pasó con la cinefilia al correr de las décadas, qué relaciones -influencias, intereses, búsquedas- se fueron estableciendo entre el cine de Europa y el de los Estados Unidos. “Las discusiones sobre el cine clásico se resolvían con gran pasión e incluso animosidad, signos de la carga de afecto esencial a la cinefilia. Lo que volvía aún más ambivalente esta afectividad era que el partidismo tenía lugar en el marco de un adiós (¿doloroso, triunfante?) a la idea del cine como una forma de arte (tradicional), promovida después de 1945 a través del neorrealismo y los directores auteurs (mayormente europeos), desde Jean Renoir, Luchino Visconti y Roberto Rossellini a Ingmar Bergman, Max Ophüls y Andrzej Wajda. Lo que remplazó aquella idea fue la sensación de que el cine era en cierto modo una mitología sintética, pero a la vez sintomática (es decir, típicamente moderna). Una idea sugerida primero por Edgar Morin en Francia y Parker Tyler en Nueva York, pero elevada a la respetabilidad por Claude Lévi-Strauss y, sobre todo, Roland Barthes”.

Munido de estos y de otra infinidad de autores (Bazin, Kracauer, Adorno, Horkheimer, Deleuze), con abundantes citas al pie -con textos de libros y revistas, con referencias y links-, Elsaesser trabaja sobre directores como Welles, Hitchcock, Fritz Lang, Altman y Kubrick, para pasar luego a generaciones posteriores: Coppola, Lucas y Spielberg, entre otros.

Entre la búsqueda de una originalidad propia y la influencia del cine europeo, Hollywood desarrolla sus propias reglas de “cómo hacer cine”, con sus autorizaciones y prohibiciones, y pone en pie un sistema productivo. Lo que será el “Hollywood clásico”, de las décadas de 1940 y 1950, atravesará sus crisis, especialmente una por la instalación masiva en los hogares de la televisión, que significará una caída masiva del público de cine durante los ’60. Y de allí, un momento de “apertura” o “permisividad”, donde algunos directores pueden experimentar y arriesgarse sin censuras. Elsaesser identifica, más allá de la linealidad narrativa y del héroe masculino en una serie de films, “un elemento psicosocial de afecto, energía y emoción, que en un primer momento atribuí a la visión del mundo del director. Los héroes violentos y paranoicos de Sam Fuller; los románticos protagonistas de Nicholas Ray, cargados de energía dionisíaca, pero también lo destructivo; la pulsión psíquica más estetizada y la joie de vivre de Minnelli, llevada sin embargo con frecuencia al exceso, el delirio e incluso la muerte, semejante por lo tanto a la jouissance que Roland Barthes identificó en los textos modernistas. Yo veía en esos directores y en su obra una crítica inmanente de la ideología estadounidense, lo cual me parecía más interesante que el simple hecho de aplicar la crítica (europea) ideológica estándar, desde fuera de los films y de la cultura que los producía y sostenía”.

Tensiones, crisis y autorregulaciones es lo que recorre al sistema de estudios. “Lo que retroactivamente devino el Hollywood clásico, en la medida en que la era de los estudios fue revalorada, durante la (segunda) fase del llamado Nuevo Hollywood, empezó alrededor de 1975, cuando la industria del cine estadounidense atravesó sus cambios más dramáticos en treinta o cuarenta años”, explica.

Habrá influencias, entonces: aperturas, riesgos e innovaciones, una revitalización, y la posibilidad del relanzamiento de Hollywood -lo que hace a su sobrevivencia, su persistencia-, hasta que se consolide un nuevo establihsment de directores que serán, ellos mismos, más que un “auteur a la europea”: una marca, un producto, y, también, productores ellos mismos de “tanques de boletería”.

HOLLYWOOD CAMBIA, ES HOLLYWOOD

Cuenta Elsaesser: “Empecé mi vida como crítico escribiendo ensayos sobre Nicholas Ray, Sam Fuller y Vincent Minnelli (dos outsiders del sistema de Hollywood, y un esteta que durante mucho tiempo fue considerado un mero metteur en scène, antes que un auteur)”. Y agrega: “Lo que me interesaba (no sólo a mí) era cómo esos cineastas fueron capaces de crear un mundo, su mundo, en ese medio impersonal. Más aún en esa industria impersonal, el sistema de estudios de Hollywood. El modelo era el de antagonismo y crítica, el artista individual opuesto al sistema”.

Pero desde los años 80 a la actualidad, tenemos -al calor de la llamada “nueva economía” y la “globalización”- un resurgir de Hollywood buscando adaptarse, adoptando todo lo nuevo y las posibilidades del mundo digital, al igual que las diversas modas y corrientes culturales internacionales. Elsaesser se ocupa entonces de proponer “las líneas generales que creo se requieren para entender las características formales, tanto como las dinámicas históricas que permiten que Hollywood esté en cambio constante y sin embargo siga siendo el mismo: la fuerza de mayor capacidad de adaptación de la cultura global y la más conservadora, la más revolucionaria y la más reaccionaria. En suma, un fenómeno antropológico que deja perplejo y está lleno de paradojas, y que nunca se estudió lo suficiente”.

Munido de todas las teorías, análisis, críticas, comentarios y discusiones posibles, Elsaesser recorre numerosas historias de Hollywood, extrayendo de allí amplias generalizaciones, adentrándose en lo ambiguo, complejo y contradictorio de su cine: “El antiamericanismo es otro instrumento del arsenal de Hollywood para mantener su dominio en el mercado mundial y por lo tanto otro ejemplo de la consecuencia paradójica de ejercer el poder y mantener el control bajo condiciones de lo que Deleuze llamó modulación: al darle a sus ‘enemigos’ ideológicos -que son también sus clientes- una voz y una participación”. Por ejemplo, a su ver, Avatar, que llevó a discusiones en todo el mundo, desde los críticos conservadores de la prensa estadounidense, pasando por Slavoj Žižek, hasta Evo Morales, es un caso en el que “Cameron en verdad restaura un balance perfecto a un sistema asimétrico. Las reseñas que acusan a Avatar de falsa conciencia, mistificación ideológica o dobles estándares son por consiguiente correctas y sin embargo yerran en el punto clave. Pasan por alto el hecho de que Cameron sistemáticamente planeó y provocó esta falsa conciencia en todos los niveles, convirtiéndola en el principio mismo de la construcción del film, ya que en el nivel alegórico esas son las condiciones objetivas bajo las cuales los Estados Unidos mantienen tanto su supremacía militar como la hegemonía cultural, ambas cerrándose juntas no (sólo) para reforzarse una a la otra, sino también para contradecirse abiertamente entre sí: el esquema de una doble atadura”.

Verdadera escuela de antropología y arqueología de medios audiovisuales, La persistencia de Hollywood de Thomas Elsaesser permite múltiples ingresos -con preguntas y respuestas- a la historia del cine (¿un producto o un servicio?), en un momento donde configuran nuevos cambios, donde la digitalización e internet, las salas de proyección, las plataformas de stream y muy especialmente la Inteligencia Artificial están haciendo, una vez más, que se alteren los modos de pensar y producir, de hacer y ver cine en nuestro presente y en el futuro.